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Crea tu chatbot sobre tus PDFs y FAQs, sin código (RAG)

Subir tus documentos y tener un bot que responde a tus clientes lleva una tarde. Te enseñamos a montarlo sin programar, a evitar que se invente respuestas y a saber cuándo un GPT normal no te sirve.

Gonzalo
Gonzalo· Fundador
· 6 min de lectura
Chatbot Sobre PDFs y FAQs

Cada mañana respondes las mismas diez preguntas. ¿Cuánto cuesta el tratamiento? ¿Qué horario tenéis en agosto? ¿Cómo devuelvo un pedido? ¿Trabajáis con mi seguro? Y lo curioso es que todas esas respuestas ya están escritas: en tu PDF de tarifas, en la página de preguntas frecuentes, en el folleto que mandas por correo. El problema no es que falte información. El problema es que hay una persona —tú— copiando y pegando lo mismo un día tras otro.

Un chatbot que se apoye en esos documentos responde eso mismo, solo, a cualquier hora, y te libera para lo que de verdad requiere tu atención. Y montarlo ya no es cosa de programadores: en una tarde, sin escribir una línea de código, lo tienes funcionando.

Esta guía te enseña a hacerlo bien. No solo los pasos, sino las tres trampas que convierten estos bots en un problema en vez de una solución: que se inventen respuestas, que los montes de una forma que tus clientes no pueden usar, y que te salte un disgusto con el RGPD. Evitar eso es lo que separa un asistente útil de un juguete que da vergüenza.

Qué hace de verdad un chatbot «sobre tus documentos» y qué no es «entrenar» una IA

Empecemos por deshacer un malentendido de vocabulario. Cuando una plataforma dice que «entrenas» al bot con tus PDFs, no estás entrenando nada. La técnica se llama RAG, y funciona al revés de lo que suena: no modificas el modelo, sino que le das un buscador sobre tus documentos.

Sin entrar en la mecánica de las bases de datos vectoriales, que ya explicamos en detalle en otra guía, lo que ocurre al subir un PDF es esto: la plataforma lo trocea, y cuando un cliente pregunta algo, busca los fragmentos más relevantes de tus documentos y se los pasa al modelo con una instrucción clara: «responde solo con esto». El modelo deja de tirar de su conocimiento general y contesta con tu información.

La consecuencia práctica es doble y muy útil. Primero, actualizar el bot es tan fácil como cambiar el documento: subes la nueva tarifa y ya responde con ella, sin reconfigurar nada. Y segundo, en teoría no debería inventarse cosas, porque solo mira tus papeles. En teoría. Más adelante veremos por qué esa promesa se rompe si no tomas una precaución concreta.

El error que casi todo el mundo comete: el GPT que tus clientes no pueden usar

Aquí es donde mucha gente pierde el tiempo. La primera reacción de casi todo el mundo es abrir ChatGPT, crear un GPT personalizado, subirle los PDFs y darlo por hecho. Y para uso interno está muy bien: tú o tu equipo podéis preguntarle al manual, a las tarifas o al protocolo desde vuestra propia cuenta. Lo mismo valen los Proyectos de Claude o los Gems de Gemini.

El problema aparece en cuanto piensas en tus clientes. Un GPT vive dentro de ChatGPT. Para usarlo, tu cliente tendría que salir de tu web, tener cuenta de ChatGPT, entrar y buscar tu GPT. Ese recorrido, sencillamente, no lo hace nadie. Para atención al cliente, un GPT personalizado no sirve.

  GPT / Proyecto / Gem Plataforma con widget
Quién puede usarlo Tú y tu equipo, con cuenta Cualquiera, sin registrarse
Dónde vive Dentro de ChatGPT / Claude En tu web o tu WhatsApp
Coste Tu suscripción (~20 $/mes) Desde gratis hasta 200 $/mes
Ideal para Uso interno del equipo Atención al cliente real

Para lo que tú quieres —un bot público en tu web o en tu WhatsApp— necesitas una plataforma que te dé un widget: un pequeño trozo de código que pegas en tu web y que hace aparecer la ventanita de chat, sin que el visitante tenga que registrarse en nada. Hay muchas (Chatbase, SiteGPT, Botpress, CustomGPT y una lista larga), y todas hacen lo mismo en esencia: subes documentos, te dan el widget.

Cómo montarlo en una tarde, paso a paso y sin código

El proceso es siempre parecido, cambie la plataforma que cambie. Lo que más se tarda no es la configuración, es preparar bien los documentos de partida.

1
Reúne y limpia tus fuentes
PDFs, FAQs, páginas de tu web. Quita lo contradictorio y lo desactualizado: el bot repetirá tus errores.
2
Sube los documentos a la plataforma
Arrastras los archivos o pegas la URL de tu web. En minutos los tiene indexados.
3
Escribe el prompt base
Le dices quién es, en qué tono responde y en castellano. Aquí va la regla de oro que veremos ahora.
4
Pruébalo con preguntas reales
Sobre todo las que NO están en tus documentos. Ahí verás si se inventa cosas o si sabe decir «no lo sé».
5
Personaliza y añade el traspaso a humano
Colores, logo, mensaje de bienvenida y, clave, un botón para hablar con una persona cuando el bot no llega.
6
Pega el código y publícalo
Un fragmento de JavaScript en tu web (WordPress, Shopify, lo que uses) y el chat aparece. O lo conectas a WhatsApp.

El paso 1 es el que casi todos se saltan y el que más determina el resultado. Un bot alimentado con PDFs escaneados como imagen, folletos con precios viejos o dos documentos que se contradicen dará respuestas malas por mucho que la plataforma sea buena. Basura entra, basura sale.

La regla de oro para que no se invente respuestas

Este es el punto que hunde a la mayoría de estos bots. Aunque RAG reduce mucho las invenciones, no las elimina: cuando la respuesta no está en tus documentos, un bot mal configurado se la inventa con total aplomo, y un cliente puede acabar creyéndose un precio o una condición que tú nunca ofreciste. Las reseñas negativas de estas plataformas están llenas de exactamente eso.

La defensa no es técnica, es una frase en el prompt base. Tienes que ordenarle explícitamente que solo responda con lo que hay en la documentación y que, cuando no lo sepa, lo diga y ofrezca hablar con una persona. La diferencia entre un prompt y otro es abismal.

Prompt que invita a inventar
«Eres el asistente de mi empresa. Responde a las preguntas de los clientes de forma amable.»
Prompt con la regla de oro
«Eres el asistente de [empresa]. Responde en castellano y solo con la información de la documentación proporcionada. Si la respuesta no está en ella, di: "No tengo ese dato, te paso con una persona del equipo". No inventes precios, plazos ni condiciones bajo ningún concepto.»

Con esa regla puesta, prueba a hacerle preguntas cuya respuesta no exista en tus documentos. Si responde «no lo sé, te paso con una persona», vas bien. Si se inventa algo, revisa el prompt antes de publicar nada. Activa también, si la plataforma lo permite, que cite de qué documento saca cada respuesta: te ayuda a auditarlo y da confianza al cliente.

Lo que te van a cobrar de más: créditos, marca y dominios

El precio que ves anunciado casi nunca es el que pagas. Estas plataformas se mueven, en su mayoría en dólares, entre lo gratuito y los 200 $ al mes, pero el titular esconde extras. Botpress tiene un plan gratis con 500 mensajes al mes; Chatbase arranca en torno a los 19-40 $; SiteGPT sobre 39 $. El problema son los añadidos.

Extra frecuente Qué es
Créditos de mensajes Se agotan; recargar cuesta aparte. Los modelos potentes gastan más rápido.
Quitar su marca Que no ponga «con tecnología de X»: suele ser +39 $/mes.
Dominio propio Que el chat corra bajo tu dominio: puede ser +59 $/mes.
WhatsApp Desplegarlo ahí no es gratis: Meta cobra por mensaje, como ya explicamos en Miuranews.

La cuenta real de un plan de 19 $ que necesita quitar la marca y dominio propio puede irse por encima de los 100 $. Antes de contratar, calcula el coste con lo que tu negocio va a necesir de verdad, no con el titular, y usa siempre la prueba gratuita con tus documentos y tus preguntas reales.

Tus documentos, tus clientes y el RGPD: lo que no puedes ignorar en España

Montar el bot es la parte fácil. La parte que puede costarte cara es meter datos personales donde no debes. Estás subiendo documentos de tu negocio a una plataforma que, casi siempre, tiene los servidores fuera de España, y estás dejando que converse con tus clientes, que le contarán cosas.

Hay tres comprobaciones que la AEPD, en sus recomendaciones sobre chatbots, deja claras y que conviene hacer antes de publicar.

¿Hay contrato de encargado?
El proveedor trata datos por ti: necesitas su contrato de encargado del tratamiento (DPA) y saber dónde aloja los datos.
¿Entrena con tus chats?
Comprueba que no usa las conversaciones para entrenar sus modelos públicos. Debe poder desactivarse.
¿Avisas al usuario?
El cliente debe saber que habla con una IA y poder acceder a tu política de privacidad desde el propio chat.

Nada de esto es para asustar ni para no hacerlo: es para hacerlo bien. Un proveedor serio te da el contrato de encargado, te deja alojar en la UE o desactivar el entrenamiento, y tú añades un aviso de una línea en el chat. Con eso cumples y duermes tranquilo.

La forma sensata de empezar es en pequeño y gratis: crea un GPT o un Proyecto con tus documentos y compruébalo tú mismo durante unos días. Si las respuestas son buenas, súbelo a una plataforma con widget para que lo usen tus clientes; si son flojas, el problema son tus documentos, y ninguna plataforma lo arreglará. Y antes de darle a publicar, dos cosas innegociables: la regla de oro en el prompt y las tres casillas del RGPD. La pregunta que decide si merece la pena es sencilla: ¿cuántas de las preguntas que respondes cada día están ya escritas en algún documento? Si son muchas, el bot se paga solo en tiempo desde la primera semana. Si cada cliente pregunta algo distinto y que no está en ningún sitio, ningún bot te va a salvar; ahí lo que necesitas eres tú.

Fuentes

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