Ética

Google no cederá ante sus empleados esta vez: por qué el Proyecto Maven de 2026 es distinto al de 2018

Más de mil empleados han firmado contra el contrato militar de Google con Gemini. En 2018 la protesta funcionó. Esta vez la empresa no va a retroceder, y las razones explican mucho sobre cómo ha cambiado Silicon Valley.

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Gonzalo· Fundador
· 5 min de lectura
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En 2018, miles de empleados de Google firmaron una petición interna contra el Proyecto Maven, que usaba IA de la empresa para mejorar la precisión de ataques con drones militares. Varios ingenieros dimitieron públicamente. La presión funcionó: Google anunció que no renovaría el contrato y adoptó unos principios de IA que explícitamente excluían el uso en armas.

Ocho años después, la historia superficialmente se repite. Más de mil empleados han firmado contra un nuevo contrato que permitiría al Pentágono usar Gemini en redes militares clasificadas para «cualquier uso legal». Google ha dicho que seguirá adelante.

La diferencia entre 2018 y 2026 dice mucho sobre cómo ha cambiado la industria.

Qué ha cambiado en el poder de negociación de los empleados

Una de las cosas que Google aprendió del incidente Maven fue que comenzó a restringir la comunicación interna: desmanteló muchas de las listas de correo internas y la red social interna. «Es más difícil organizarse internamente ahora», explicó una investigadora de Google DeepMind que habló con Fortune pidiendo anonimato. Startup Fortune

La estructura que permitió a los empleados coordinar una respuesta masiva en 2018 simplemente ya no existe de la misma forma. Los canales que facilitaron que miles de personas firmaran una petición en días han sido cerrados o limitados. La presión que en 2018 llegó de forma coordinada y visible ahora se fragmenta y es más difícil de amplificar.

Hay también una razón económica. «Las empresas quieren redirigir dinero hacia la IA, y piensan que esto puede incluso reemplazar a ingenieros. El personal tecnológico tampoco ha estado nunca particularmente bien organizado porque históricamente ha sido un buen negocio en el que estar y el personal normalmente ha sido tratado muy bien», señaló una analista laboral consultada por Fortune. Cuando el sector tecnológico era una garantía de empleo estable y bien remunerado, los empleados podían permitirse presionar. En 2026, con 80.000 despidos en lo que va de año y la IA reemplazando activamente partes del trabajo de ingeniería, el cálculo de riesgo personal ha cambiado. Startup Fortune

Por qué el contrato de 2026 es distinto al de 2018

El Proyecto Maven de 2018 era un contrato concreto para una aplicación concreta: análisis de imágenes de drones para mejorar la precisión de ataques. La oposición podía articularse alrededor de algo específico y visible.

El contrato de 2026 es diferente en su naturaleza. Google ha seguido a OpenAI y xAI acordando permitir que sus modelos Gemini se usen dentro de las redes militares clasificadas de EE.UU. para «cualquier uso legal». Seán Ó hÉigeartaigh, profesor investigador del Centro para el Futuro de la Inteligencia, dijo que el acuerdo de Google parecía «estrictamente más débil» que el de OpenAI según la evidencia disponible. «Desde una perspectiva legal, parece menos sólido y por tanto más preocupante», dijo, añadiendo que era «decepcionante» que el acuerdo de Google no hubiera atraído el mismo nivel de debate público e interno que el de OpenAI. Startup Fortune

«Cualquier uso legal» en un entorno clasificado es una categoría que por definición no puede ser auditada por empleados ni por el público. Es exactamente la opacidad que los firmantes de la carta de esta semana señalan como el problema central.

El contexto competitivo que explica la decisión de Google

Hay una razón estratégica por la que Google no puede permitirse repetir el precedente de 2018, y tiene que ver con lo que han hecho sus competidores.

OpenAI firmó su acuerdo con el Pentágono con la cláusula de «todos los usos legales». xAI tiene acuerdos similares. Si Google rechaza el contrato, no evita que el Pentágono use IA en aplicaciones militares clasificadas —simplemente garantiza que esa IA sea de OpenAI o de xAI, no de Google. El mercado de contratos de defensa en IA es uno de los segmentos de mayor crecimiento del sector, y renunciar a él tiene un coste competitivo directo y medible.

En 2018, ese mercado era incipiente. Los contratos militares de IA eran una fracción marginal del negocio de cualquier laboratorio. En 2026, con el gasto del Pentágono en IA creciendo cada año y con la administración Trump activamente promoviendo el uso de modelos americanos en sistemas de defensa, la ecuación ha cambiado por completo.

Lo que permanece igual y lo que eso implica

Las preguntas éticas centrales son las mismas que en 2018. ¿Puede una empresa de IA garantizar que sus modelos no se usen para causar daño cuando el uso está clasificado y no es auditable? ¿Cuál es la responsabilidad moral de los ingenieros que construyen herramientas que otros usan para tomar decisiones letales?

La única protesta organizada de los empleados hasta ahora es principalmente una carta abierta a la dirección que protesta contra el uso de la tecnología en situaciones militares, que ahora ha acumulado alrededor de mil firmas, según un investigador de Google DeepMind. Startup Fortune

Mil firmas sobre una plantilla de más de cien mil personas es una minoría. En 2018, la proporción era sustancialmente mayor. Eso no invalida el argumento ético, pero sí dice algo sobre el peso político que esa protesta tiene ahora dentro de la empresa.

Lo que Google ha aprendido de Maven no es solo cómo gestionar la comunicación interna. Es que la combinación de opacidad sobre los detalles del contrato, fragmentación de los canales de organización interna y un contexto competitivo que hace el rechazo mucho más costoso cambia el resultado probable de una protesta de empleados, aunque la protesta sea éticamente legítima. En 2018 los empleados ganaron. En 2026, la empresa ya ha calculado que puede permitirse no ceder.

Fuentes

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