La encíclica sobre la IA es el documento más importante de la semana — y nadie en el sector tecnológico lo está leyendo
«Magnifica Humanitas» no es solo un documento religioso. Es el análisis de poder más honesto sobre quién controla la IA y a quién beneficia. Merece más atención de la que le está dando el sector tecnológico.

El lunes 25 de mayo, en el mismo período de 72 horas en que Anthropic cerró una ronda de 30.000 millones a una valoración de 900.000 millones, en que China prohibió a sus mejores investigadores de IA viajar sin permiso del gobierno, y en que Google publicó la lista de sus 100 anuncios del I/O, el Papa León XIV presentó en el Vaticano la primera encíclica papal sobre inteligencia artificial de la historia.
Los medios tecnológicos la cubrieron como una curiosidad. Como el tipo de noticia que aparece en la sección de «también» de los boletines de IA: «Y además, el Papa publicó algo sobre la IA.» Luego siguieron con los números de Anthropic.
Es el error de lectura más grande de la semana.
Lo que la encíclica dice realmente — y no es lo que la mayoría ha leído
El titular que ha circulado es que León XIV pidió que la IA «no domine al ser humano» y que hay que «desarmarla». Suena piadoso y vago. Es, en realidad, un diagnóstico político muy concreto.
León XIV advierte en el texto de que la IA «no puede considerarse moralmente neutra» y reclama «desarmarla» para «evitar que domine al ser humano». La encíclica fija la postura de la Iglesia ante lo que el propio pontífice describió como el mayor desafío de la época. No es un tratado técnico ni una condena de la tecnología, cuyo valor reconoce, sino una actualización de la Doctrina Social de la Iglesia. Let's Enhance
La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Amalytix
La metáfora de la Torre de Babel no es decoración bíblica. Es la descripción más precisa posible del problema de gobernanza de la IA en 2026: una tecnología construida por un grupo reducido de personas, en un idioma que la mayoría no entiende, con consecuencias que afectan a todos, sin que nadie haya preguntado al resto si quería participar en el proyecto. Babel no fracasó por su ambición técnica. Fracasó por su falta de deliberación colectiva.
La encíclica se estructura en cinco capítulos a lo largo de 245 párrafos. La carta convoca un arco de voces amplio y rico: desde san Agustín y santo Tomás hasta Hannah Arendt, Viktor Frankl y Romano Guardini, pasando por Martin Luther King Jr., Wangari Maathai y santa Laura Montoya. Y, en un gesto inusual, una cita de Tolkien tomada de «El Señor de los Anillos». Lakera
Un documento que pone en conversación a Hannah Arendt — la filósofa que más profundamente pensó sobre la banalidad del mal y la responsabilidad colectiva — con Viktor Frankl — el neurólogo que sobrevivió el Holocausto pensando en el sentido — no está haciendo teología especulativa. Está aplicando el pensamiento más riguroso del siglo XX sobre poder, responsabilidad y dignidad a un problema del siglo XXI. Eso merece ser leído con atención, independientemente de las convicciones religiosas del lector.
El análisis de poder que el sector tecnológico no quiere escuchar
La parte de la encíclica que ha generado menos cobertura es la que más debería preocupar a los laboratorios de IA. No el capítulo sobre dignidad humana. El capítulo sobre concentración de poder.
El llamamiento a custodiar «una magnífica humanidad habitada por Dios», promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, es necesario desarmar la IA y superar la teoría de la «guerra justa», relanzando el diálogo y el multilateralismo. Prompting Guide
León XIV no está pidiendo que la IA se desarrolle más despacio. Está señalando que la forma en que se está desarrollando — concentrada en cinco empresas americanas y tres chinas, financiada por capital privado con objetivos de retorno, sin mecanismos de deliberación pública sobre sus aplicaciones — reproduce exactamente el patrón de concentración de poder que la Doctrina Social de la Iglesia ha criticado desde Rerum Novarum.
León XIV señala que los centros de datos que entrenan los modelos consumen «enormes cantidades de energía y agua» e influyen de forma significativa en las emisiones de dióxido de carbono, y pide, ante una demanda creciente impulsada por los grandes modelos de lenguaje, «soluciones tecnológicas más sostenibles». Let's Enhance
El capítulo medioambiental de la encíclica conecta con algo que la semana pasada China demostró de forma concreta: el primer centro de datos submarino del mundo alimentado por energía eólica marina. La Iglesia no está pidiendo que paremos los centros de datos. Está preguntando quién decide cómo se construyen, quién asume los costes medioambientales y quién se queda con los beneficios. Son preguntas que ningún mercado de capitales está equipado para responder por sí solo.
Por qué eligieron a Anthropic y no a Google o a OpenAI
La decisión de presentar la encíclica junto a Christopher Olah, cofundador de Anthropic, es la declaración más políticamente cargada del evento y la que menos ha sido analizada.
Olah es el investigador de Anthropic que más ha escrito sobre interpretabilidad — la disciplina que intenta entender qué ocurre dentro de los modelos de IA cuando toman decisiones. Su trabajo es, en esencia, el intento más riguroso de hacer la IA comprensible desde dentro: no confiar en que el modelo hace lo correcto, sino verificarlo, entender por qué, y construir herramientas para que otros también puedan verificarlo.
El Vaticano eligió a Anthropic — no a Google, no a OpenAI, no a Meta — como interlocutor en su presentación más visible sobre IA. Esa elección dice varias cosas. Primera: que la Iglesia distingue entre laboratorios que han aceptado que sus modelos se usen para armas autónomas y vigilancia masiva y los que se han negado. Segunda: que la interpretabilidad — saber qué hace el modelo y por qué — es compatible con la exigencia ética de transparencia que el documento articula. Tercera: que hay posiciones en el sector tecnológico que son más coherentes con los valores que la encíclica defiende que otras, y que el Vaticano está dispuesto a decirlo públicamente.
El cofundador de Anthropic, Christopher Olah, en la presentación de la encíclica; la empresa mantiene un litigio con la administración Trump tras negarse a que sus modelos se usaran para armas autónomas y vigilancia de ciudadanos. Let's Enhance
Que el dato más revelador sobre quién presentó la encíclica junto al Papa sea precisamente que esa empresa está en litigio con el gobierno americano por haberse negado a ciertas aplicaciones militares no es coincidencia. Es la tesis del documento en acción: hay decisiones sobre el uso de la IA que tienen una dimensión ética real, y las instituciones con autoridad moral tienen que pronunciarse sobre ellas, aunque eso incomode a los gobiernos.
El paralelo con Rerum Novarum que da miedo de lo preciso que es
León XIV eligió el nombre de León en referencia explícita a León XIII y a Rerum Novarum. La encíclica fue firmada el 15 de mayo, exactamente 135 años después de Rerum Novarum. El paralelismo no es nostalgia. Es un argumento histórico.
León XIV ve paralelismos entre aquella era de transformación y la actual revolución tecnológica impulsada por la IA. Durante su primer discurso ante el Colegio de Cardenales, explicó que su decisión se inspiró en el legado de su predecesor, el Papa León XIII, quien abordó los desafíos sociales de la Revolución Industrial en su encíclica Rerum Novarum de 1891. Google Cloud
Rerum Novarum llegó cuando la Revolución Industrial había transformado las condiciones de trabajo, creado nuevas formas de pobreza y puesto en cuestión las estructuras sociales existentes sin que existieran marcos legales o éticos suficientes para gestionar ese cambio. La Iglesia intervino para nombrar el problema y proponer principios. Su influencia fue enorme, mucho más allá del ámbito católico: los derechos laborales que hoy damos por descontados en la mayoría de los países democráticos tienen en Rerum Novarum uno de sus antecedentes filosóficos más importantes.
La pregunta que hay que hacerse es si la analogía es acertada. Y la respuesta, incómoda para quienes prefieren que la IA sea simplemente una cuestión técnica, es que sí lo es.
En 1891, la Revolución Industrial llevaba cincuenta años transformando el trabajo sin que nadie hubiera establecido límites sobre cuántas horas podían trabajar los niños, en qué condiciones, a qué precio. La respuesta fue, eventualmente, la legislación laboral. Esa legislación no detuvo la industria. Cambió las condiciones bajo las cuales operaba.
En 2026, la revolución de la IA lleva diez años transformando el trabajo, la información, el acceso al poder y la capacidad ofensiva de los estados, sin que nadie haya establecido límites comparables. La diferencia es que esta vez la velocidad de la transformación es órdenes de magnitud mayor. Lo que a la Revolución Industrial le llevó cincuenta años, la IA lo está haciendo en cinco.
Lo que la encíclica no puede hacer — y lo que sí puede
Conviene ser honesto sobre los límites del documento. El Papa no tiene legisladores ni presupuestos. Una encíclica no obliga a nada jurídicamente. No puede detener el desarrollo de modelos de IA. No puede regular los contratos del Pentágono con los laboratorios americanos. No puede hacer que China deje de restringir los viajes de sus investigadores de IA.
Lo que sí puede hacer, y lo que históricamente han hecho los documentos de la Doctrina Social de la Iglesia, es mucho más sutil y más persistente: cambiar los términos en los que se discute el problema. Dar vocabulario moral a una conversación que hasta ahora ha sido casi exclusivamente técnica y financiera. Llegar a 1.300 millones de personas con una framing de la IA que no viene de los laboratorios que tienen interés en cómo se encuadra la conversación.
La encíclica convoca un arco de voces amplio y rico. Ante los cambios tecnológicos acelerados, el Papa plantea una disyuntiva real: o nos dejamos arrastrar por la lógica del beneficio a cualquier precio —que puede acabar deshumanizándonos—, o apostamos por reconstruir los lazos entre las personas y el sentido de responsabilidad común. Lakera
La frase «la lógica del beneficio a cualquier precio» describe con precisión el problema de gobernanza que las democracias occidentales no han resuelto. No porque no lo entiendan. Sino porque los mecanismos democráticos de decisión colectiva son lentos, y la velocidad a la que se desarrolla la IA no espera a que esos mecanismos funcionen.
La paradoja que el documento no resuelve pero sí nombra
Hay una tensión en el centro de «Magnifica Humanitas» que León XIV nombra con honestidad pero que no resuelve — y que nadie ha resuelto todavía.
La Iglesia llama a «desarmar la IA». Pero Anthropic, la empresa cuyo cofundador presentó la encíclica junto al Papa, es también la empresa que ha construido Mythos Preview, el modelo que en evaluaciones propias puede identificar y explotar vulnerabilidades de día cero en infraestructura crítica de forma autónoma. El mismo laboratorio que se negó a aceptar los términos del Pentágono está construyendo herramientas con capacidades que hacen ese debate inevitable.
Esta no es una crítica a Anthropic. Es la descripción de la paradoja en que viven todos los laboratorios que se toman en serio la seguridad: si no construyen las capacidades ofensivas, otro lo hará sin las salvaguardas. Si las construyen con salvaguardas, siguen siendo capacidades ofensivas. No hay salida limpia de esa tensión, y ningún documento religioso puede resolverla.
Lo que sí puede hacer — y lo que «Magnifica Humanitas» intenta — es insistir en que esa tensión no se resuelve ignorándola, ni delegando la decisión exclusivamente a los mercados, ni asumiendo que los laboratorios que se autodenominan seguros son suficiente garantía.
La pregunta final que el documento deja abierta es la que define el debate de nuestra generación: si la inteligencia artificial es, como afirma León XIV, el mayor desafío de la época, ¿por qué las instituciones políticas de las democracias más avanzadas del mundo no están a la altura de ese desafío? Trump canceló la única propuesta de supervisión voluntaria de modelos frontier que había sobre la mesa. La UE tiene el AI Act pero sin los recursos para aplicarlo. China tiene control sin transparencia.
Queda la Iglesia Católica. Y un matemático americano que eligió su nombre en honor al Papa que defendió los derechos laborales frente a la Revolución Industrial. Que eso sea lo más parecido a una voz de autoridad moral global que tenemos en este debate dice algo sobre el estado de las instituciones humanas en 2026.
No necesariamente algo malo. Simplemente, algo que hay que tomar nota.
Fuentes
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